La alegría de seguir vivos no es suficiente. Entre que nos levantamos pensando en la
vorágine de la supervivencia, en los problemas de salud, cuando los hay, las
obligaciones con los bancos o cualquier imprevisto convertido en problema menor o
mayor, nunca mejor dicho, se nos va la vida, y menos mal que está la familia y los
amigos para tendernos la mano, porque la irritación generalizada asesta un golpe
diario a nuestro bienestar o aspiración a tenerlo, según el caso.
Polarización política absurda por todas partes, derechos impunemente vulnerados,
empezando por el derecho a la vida, y sumemos el de salud, educación o vivienda, la
pobreza o riesgo de padecerla, la difusión masiva de información falsa o engañosa,
medios de comunicación en crisis, que se suponen cumplen un papel clave en la
orientación de la sociedad, el ascenso de la violencia de género, el acoso escolar, la
escandalosa estadística de suicidios o el discurso de odio contra la inmigración, cada
vez más alto y tolerado, pueden llegar a distorsionar nuestro estado de ánimo.
Mi amigo Haroldo Martínez me traslada entusiasmado su participación como médico
psiquiatra en los festivales de la Universidad de la Felicidad organizados por la
Universidad del Magdalena, que tiene sede principal en Santa Marta, ciudad del
Caribe colombiano. La Universidad de Cádiz creó e impulsó en 2022 la Red
Internacional Universitaria de la Felicidad y Creatividad, con una misión similar a la
del alma mater colombiana y con la idea de promover dichos capitales intangibles en
centros académicos y entidades sin ánimo de lucro.
El doctor Martínez habla de la mejora de la calidad de vida a partir de la recuperación
de la alegría, la eliminación de los calificativos o juicios de valor para reemplazarlos
por el lenguaje de la empatía y respeto a las personas y el ecosistema. Se trata de un
proyecto académico que observa desde otra perspectiva la economía global centrada
ahora más que nunca en el consumismo y distante de la felicidad y creatividad. La
Universidad de Cádiz reivindica “volver la vista a las personas, que son a quienes la
economía tiene que servir”.
La cultura siempre será un aliado imprescindible de nuevas narrativas, ayuda a
transmitirlas de forma creativa, así que su veto en ambientes reaccionarios o
continuistas no es ni mucho menos fortuito. Sabemos que hay espacios opuestos a la
innovación. La cultura tiene el poder de inspirar, es capaz de conectar con la gente,
ejecutar cambios y promover ese pensamiento crítico que tanto echamos en falta en
un mundo plagado de bulos que se atreve hasta maldecir la ciencia.
Como disciplina personal y profesional me mantengo al día del trabajo investigativo
y divulgativo que desarrollan la Cumbre Global de Desinformación y la Fundación
porCausa. La primera es una cita anual online, de participación gratuita, que nos
permite en dos intensas jornadas actualizarnos y conocer estrategias de entidades y
personas que son referentes globales de la lucha contra uno de los grandes males de la
actualidad mediante el chequeo de datos y verificaciones de información digital a
gran escala.
Por su parte, la Fundación porCausa, afincada en España, se dedica a la investigación,
periodismo y análisis mundial del fenómeno de la movilidad humana y organiza el
único Congreso de Periodismo de Migraciones del mundo. Además de la elaboración
de documentos e informes que desvelan las razones subyacentes de distintos
movimientos migratorios y las barreras que los frenan, también construye relatos del
amor como sustituto del discurso del odio y la movilidad laboral.
Como suscriptor que soy de su boletín informativo, me entero de las iniciativas que
desarrollan en su espacio cultural en Madrid, “un sitio para imaginar colectivamente
una sociedad diversa, justa y sin miedo”. El pasado 5 de noviembre, la Fundación
organizó el primer Encuentro Activistas del Amor, “para celebrar en comunidad el
amor como herramienta de cambio”, el amor como acto político, y claro, hubo poesía,
música en vivo y dj. En su actividad cultural hay sugerencias de libros, películas,
podcast, series y otras herramientas para conocer diferentes realidades. Aunque
parezca callada, la ciudadanía se está movilizando contra el odio y la búsqueda de la
escurridiza felicidad.


