Una de dos, o histeria impropia de un presidente de Canarias, o un cálculo electoralista miserable, igual de impropio aunque no por ello desacostumbrado.
La sobreactuación de Fernando Clavijo con respecto a la llegada a Canarias del MV Hondius supone, además de un ridículo espantoso, una exhibición lamentable de populismo ramplón y de la más absoluta falta de talla humana y política.
Según Clavijo, Canarias en incapaz de manejar con garantía una situación que, por más que nos sorprenda, puede volver a producirse en cualquier otro momento, sin necesidad de que el crucero venga de Argentina vía Cabo Verde.
Con su insensato argumentario, Clavijo se ha empeñado en dibujar a una Canarias incapaz de hacer frente a sus responsabilidades, quizás porque es la seña de identidad de su gobierno.
Unas responsabilidades que en este caso, además, son mínimas por no decir inexistentes, ya que corresponde al Gobierno de España la gestión de la crisis. Al presidente de Canarias tan solo le correspondería ofrecer su colaboración leal.
Pero no. Lo que ha ofrecido Clavijo han sido declaraciones alarmistas, como si a los cruceristas los fueran a bajar del barco para llevarlos caminando por la Avenida de Anaga a una recepción en Presidencia.
Declaraciones realizadas amparándose, y es marca de la casa, en la defensa de Canarias cuando la defensa de las islas en cuanto a sanidad exterior le corresponde al Gobierno de España, mientras él olvida con harta frecuencia lo que sí son sus competencias.
Pero claro, le era imposible resistirse a un nuevo minuto de gloria y a una nueva exhibición de agravios. Necesitaba mostrar con Sánchez la firmeza que no se atreve a exhibir con sus socios populares cuando le dan la espalda con los menores.
Lo malo para Clavijo es que esta crisis va a dar para muy poquito. Cuando el domingo salgan los aviones con los últimos pasajeros del crucero, se acabó la crisis.
Lo que sí quedará en la memoria será la imagen de un presidente o histérico u oportunista tratando de hacer a Canarias tan pequeña como él.


