Tras el cierre de FITUR y una vez pasado el intenso ritmo de cifras, titulares y promociones, se abre un espacio necesario para la reflexión. El turismo no se construye en unos pocos días ni en un único evento, sino a lo largo de todo el año, desde el territorio y desde la gestión cotidiana de nuestros municipios.
Lanzarote es una isla con recursos limitados. El agua, el suelo, el territorio y los servicios públicos tienen una capacidad finita, a la que se suman retos cada vez más evidentes en ámbitos como la vivienda, la movilidad o el acceso a servicios básicos. Esta realidad nos obliga a mirar el modelo turístico con responsabilidad y a preguntarnos si el éxito puede seguir midiéndose únicamente en número de visitantes o niveles de ocupación.
La respuesta es clara: no.
El verdadero éxito turístico debe medirse en bienestar para la población local, equilibrio territorial y calidad de vida. Ordenar el territorio, planificar con visión de futuro y proteger nuestros recursos no es ir en contra del turismo, sino la mejor garantía para su continuidad y para preservar la autenticidad que nos hace únicos como destino.
Convivir con el turismo es uno de los grandes retos del siglo XXI. Lanzarote ofrece un entorno natural y cultural excepcional, y que personas de todo el mundo quieran conocerlo es motivo de orgullo. Pero precisamente por ello existe una responsabilidad pública de cuidar lo que somos y lo que ofrecemos, asegurando que la actividad turística sea compatible con la vida diaria de quienes habitan la isla.
En este contexto, es necesario abordar debates sin miedo. Uno de ellos es la implantación de una tasa turística con un objetivo claramente finalista, basada en la corresponsabilidad. No se trata de prohibir ni de penalizar, sino de solicitar una pequeña contribución a quienes nos visitan para ayudar a proteger un territorio frágil y garantizar un destino de calidad.
Los recursos obtenidos deben revertir directamente en la mejora de la isla y en el bienestar de su población, destinándose a ámbitos en los que las administraciones locales tienen competencias directas: atención sociosanitaria, apoyo a mayores y personas dependientes, programas de formación y empleo, así como la conservación y mantenimiento de los espacios naturales y la mejora de los servicios de información y gestión.
Solo así el éxito turístico podrá traducirse en sostenibilidad, cohesión social y futuro.
Repensar el turismo desde dentro no es renunciar al progreso, sino decidir qué modelo queremos y cómo queremos vivirlo, pensando en Lanzarote y en quienes la llamamos hogar.


