Miles de personas siguieron el fenómeno desde enclaves como La Santa, El Golfo o Arrecife, en una tarde marcada por la observación del cielo
Durante unas horas, Lanzarote cambió de dirección. Las miradas dejaron de buscar el horizonte, las olas o los volcanes y apuntaron hacia arriba para seguir el eclipse solar del 12 de agosto.
Desde primera hora de la tarde, miles de personas fueron ocupando paseos marítimos, playas, muelles, miradores y distintos rincones de la costa con un mismo propósito: no perderse uno de los fenómenos astronómicos más esperados del año.
La Santa se convirtió en uno de los principales puntos de concentración.
En esta localidad se había establecido el punto oficial de observación de Lanzarote, dentro de las llamadas Atalayas Cósmicas impulsadas en Canarias para seguir el eclipse con divulgadores y material de observación seguro.
En el paseo marítimo, el paisaje habitual del pueblo marinero quedó transformado por la presencia de numerosas personas.
Familias, visitantes, grupos de amigos y aficionados a la astronomía ocuparon el entorno frente al océano para contemplar la evolución del eclipse.
El mar, habitualmente protagonista en La Santa, pasó esta vez a ser el telón de fondo de un espectáculo que ocurría a millones de kilómetros.
El Golfo, Arrecife y otros puntos de observación
Pero La Santa no fue la única cita.
En El Golfo, la costa volcánica volvió a ejercer de escenario natural.
Entre el negro de la lava, el azul del Atlántico y el horizonte abierto hacia poniente, numerosos espectadores buscaron un lugar desde el que seguir el fenómeno.
La orientación hacia el oeste convirtió esta zona en uno de los enclaves recomendados para contemplar el eclipse en la isla.
También Arrecife vivió la cita astronómica en la calle.
La bahía, sus paseos y los espacios abiertos al mar reunieron a vecinos y visitantes que decidieron observar el eclipse sin abandonar la capital lanzaroteña.
En este caso, el fenómeno celeste se mezcló con el paisaje urbano, las siluetas de los edificios y el movimiento habitual de una tarde de agosto.
El eclipse dejó imágenes de expectación, curiosidad y convivencia en distintos puntos de Lanzarote.
La isla no tuvo que esperar a la noche para vivir su propio espectáculo de oscuridad.
Le bastó con mirar al Sol, siempre con la protección adecuada, para ser testigo de una tarde difícil de olvidar.


