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Más de 80 muertos en un cayuco rescatado al sur de Canarias tras 27 días en el mar

La embarcación, que habría partido de Gambia con 128 personas, fue localizada a la deriva al sur de Gran Canaria. Solo 44 supervivientes, todos hombres, pudieron ser rescatados con vida

El Océano Atlántico volvió a convertirse este jueves en escenario de una tragedia migratoria de enormes dimensiones. Un cayuco que llevaba 27 días en el mar rumbo a Canarias fue localizado a la deriva al sur de Gran Canaria con apenas unas decenas de personas con vida. A bordo viajaban originalmente más de un centenar de personas. Cuando llegó el auxilio, 44 hombres habían sobrevivido y cinco cadáveres permanecían en la embarcación.

El resto, más de 80 personas según las primeras estimaciones, habría muerto durante una travesía marcada por el hambre, la deshidratación y unas condiciones extremas de navegación. Entre las víctimas se encontraba, según la información facilitada por los servicios de emergencia, una bebé.

La embarcación fue localizada durante la tarde del miércoles por un avión de Salvamento Marítimo, el Sasemar 101, cuando se encontraba aproximadamente a 120 kilómetros al suroeste de Gran Canaria. El aviso puso en marcha una operación de rescate que se desarrolló durante la noche y estuvo condicionada por el mal estado de la mar.

Horas después, la Guardamar Urania alcanzó el cayuco. Las imágenes y el relato de la operación dibujaban una escena estremecedora: una embarcación que había partido desde África Occidental semanas antes y que llegaba a las puertas de Canarias convertida en el último refugio de quienes habían logrado resistir.

Una travesía que comenzó en Gambia

Las primeras investigaciones apuntan a que el cayuco salió de Gambia el 7 de agosto, con unos 128 ocupantes, entre ellos cuatro mujeres y una bebé. Las inscripciones encontradas en el casco habrían permitido relacionarlo con la embarcación que había iniciado aquella peligrosa travesía. Los testimonios de los supervivientes también apuntan a que partieron hacia Canarias con más de un centenar de personas. Pero el viaje se prolongó mucho más de lo previsto.

Veintisiete días en el océano terminaron transformando la travesía en una lucha por la supervivencia. A medida que pasaban los días, los ocupantes fueron muriendo y desapareciendo hasta que el cayuco quedó reducido a un pequeño grupo de supervivientes.

Cuando los equipos de rescate llegaron, los 44 hombres que aún permanecían con vida presentaban signos compatibles con una prolongada exposición a condiciones extremas. Algunos sufrían deshidratación, desorientación y síntomas después de haber ingerido agua de mar.

Cinco cuerpos que no pudieron ser recuperados

El rescate tampoco pudo desarrollarse con normalidad. El estado de la mar impidió recuperar los cinco cadáveres localizados a bordo del cayuco, que tuvieron que permanecer en la embarcación debido a las condiciones adversas. En la zona se registraban vientos de unos 20 nudos y olas que alcanzaban aproximadamente los 2,5 metros.

Mientras tanto, tres de los supervivientes se encontraban en una situación especialmente delicada y tuvieron que ser evacuados en helicóptero hacia hospitales de Gran Canaria. El resto fue trasladado hasta el puerto de Arguineguín, donde recibió asistencia sanitaria y atención de los equipos de emergencia.

Allí comenzó otra parte de la historia: la de quienes habían conseguido llegar con vida después de casi un mes en el océano.

El silencio de quienes no llegaron

En el muelle quedaron las preguntas que acompañan a cada tragedia de la ruta atlántica: cuántos murieron exactamente, cuándo comenzaron a fallecer y cuántas personas desaparecieron en el océano sin que nadie pudiera recuperar sus cuerpos.

La información disponible en las primeras horas apunta a que más de 80 personas habrían perdido la vida o desaparecido durante el trayecto. Los cinco cadáveres localizados por Salvamento son solo una parte de las víctimas de una travesía en la que decenas de personas quedaron atrás.

Entre ellas, una bebé.

Su presencia en el cayuco resume, de la manera más dolorosa, la dimensión de una ruta que cada año lleva a miles de personas a enfrentarse al Atlántico en embarcaciones precarias y durante cientos o miles de kilómetros.

El cayuco llegó finalmente a aguas próximas a Canarias. Pero para más de 80 de sus ocupantes, Canarias nunca llegó a convertirse en destino.

El océano fue el final de su viaje.

 

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