La homenajeada recuerda una infancia entre cultivos, vendimias y labores familiares en Masdache
El Ayuntamiento de Tías ha reconocido este jueves a Juana María Mosegue Ortega como Mujer Rural 2026, coincidiendo con la celebración del Día Internacional de las Mujeres Rurales. El homenaje pone en valor una trayectoria vital profundamente ligada al trabajo en el campo, a las labores tradicionales y, en los últimos años, a la elaboración artesanal de sombreras con empleita, una técnica que conecta directamente con la memoria familiar de la homenajeada.
Juana María ha recuperado una tradición que ya estaba muy presente en su entorno más cercano. Su abuela, Rafaela Ortega Sicilia, de Masdache, elaboraba sombreras y rosetas por encargo y fue una referencia que terminó dejando huella en la familia. Aunque Juana María reconoce que comenzó relativamente tarde a trabajar con la empleita, la actividad se ha convertido en una de sus grandes pasiones y en una forma de mantener vivo un conocimiento transmitido durante generaciones.
“Yo empecé tarde con la empleita, pues hice la primera hace un par de años, pero me pego hasta las doce o una de la noche. Me relaja un montón”, explica. Su primer trabajo surgió casi por casualidad, cuando decidió arreglar una sombrera vieja que tenía en casa y aprovechó el material para empezar a practicar. A partir de ahí continuó aprendiendo y la segunda pieza que elaboró fue una sombrera graciosera para su nieto Ariday.
La elaboración de estas piezas exige un proceso largo y minucioso que comienza mucho antes del trenzado. Juana María explica que, desde que se consigue el palmito, hay que abrirlo con cuidado, secarlo al sol, protegerlo de la humedad, separar las hojas, retirar los filos y preparar las tiras con las que después se confecciona la empleita. Uno de los principales problemas, señala, es precisamente conseguir materia prima, hasta el punto de afirmar que “el palmito es la gran lucha que tenemos, no conseguimos y es un trastorno”.
La relación de Juana María con el medio rural viene, sin embargo, de mucho antes. Nacida el 2 de abril de 1955, creció en una familia numerosa vinculada al trabajo agrícola y desde pequeña participó junto a sus seis hermanos y hermanas en numerosas tareas del campo. Plantaba cebollino, descabezaba cebollas, recogía uvas y ayudaba a preparar los ceretos que después su padre enviaba a Fuerteventura. De aquellos años conserva recuerdos muy concretos, como las prisas por terminar el trabajo a tiempo para poder acudir después a las fiestas de San Ginés.
Su historia familiar también estuvo vinculada al pequeño comercio. Su padre regentaba una tienda de aceite y vinagre y una cantina, donde Juana María y sus hermanas colaboraban desde jóvenes. Fue precisamente allí donde conoció a quien después sería su marido, Enrique de León Cabrera, natural de Soo, con quien tuvo a sus dos hijos, Pedro Baudelio y Abadesa.
Ese matrimonio amplió también su relación con otras zonas agrícolas de Lanzarote, ya que Juana María continuó trabajando en tierras de Soo y acumuló durante años experiencia en todo tipo de labores. “He trabajado de todo: plantando de todo, trillando, empaquetando, vendimiando, pisando en el lagar y cargando cestas de más de 30 kilos”, resume.
A día de hoy mantiene ese vínculo con la tierra y continúa cultivando productos para consumo familiar como habichuelas, millo, pimientos, calabazas, fresas o batatas. El reconocimiento como Mujer Rural 2026 pone así nombre a una trayectoria que combina trabajo agrícola, memoria familiar, artesanía y conservación de costumbres tradicionales, en una vida marcada por el contacto directo con el territorio y por una forma de entender el campo como parte de la identidad cotidiana.
